Sabrina tenía un gato que se llamaba Benito.
Benito era un gato que si hubiese sido humano, sería un consumidor permanente de los buffet de tenedor libre. En otras palabras: le gustaba comer más que a nadie.
Si Sabrina dejaba el taper, vacío adentro de la mochila, Benito se encargaba de abrirla. Si tomabas un café cerca de Benito, se te trepaba y trataba de meterse en la taza. Si sabrina cocinaba, Benito enseguida estaba lamiéndole las manos.
Benito no está más ya, por eso mi pequeño homenaje.
Ojalá le den cosas ricas dondequiera que esté.
